Da a conocer Oravio y desbloquea tarjetas regalo de 50 € entre 16 marcas. Luego llega la parte que casi nadie espera: lo que construyes hablando con Oravio, lo puedes vender. Sin escribir una línea de código.
Cada tarjeta que desbloqueas la gastas donde quieras: en la suscripción que ya pagas, en la compra, en el depósito, en un viaje. No es crédito interno para usar aquí dentro — son vales reales, de marcas que conoces.
No es generosidad. Es una decisión estratégica, y mereces conocerla antes de entrar.
Oravio hace cosas que otros asistentes no hacen. No solo responde: construye. Te crea una web y la publica, te escribe una automatización que funciona día y noche, te maneja el ordenador, habla con los dispositivos de tu casa. Quien lo prueba por primera vez suele quedarse callado unos segundos.
Pero todavía no lo conoce nadie. No tenemos detrás un gigante que compra publicidad en todas partes. Empezamos desde abajo, y la única forma honesta de crecer es que quien lo prueba se lo enseñe a otro.
Así que el dinero que otra empresa daría a las plataformas de publicidad, te lo damos a ti. Es el mismo presupuesto que acabaría en anuncios que nadie mira: preferimos que vaya a quien pone la cara. Y mientras seamos pequeños, quien entra ahora encuentra terreno libre.
Hay algo más a tu favor: cada calle de tu pueblo está llena de negocios sin web, sin manera de recibir reservas online, que dejaron de intentarlo porque costaba demasiado o era demasiado complicado. Ahora eso se hace hablando, en noventa segundos. Ese es tu mercado, y lo tienes al alcance.
Quien te deja enseñárselo en directo normalmente lo quiere: la página nace delante de sus ojos y la pregunta pasa a ser «¿cuánto cuesta?». Elige desde dónde partes — y luego sube el listón.
La cuenta parte de una premisa sencilla: 1 de cada 3 personas a las que se lo enseñas en directo activa un plan, y 1 de cada 3 de esas elige el servidor dedicado. Son proporciones de demostración, no de folleto — y se sostienen porque no estás vendiendo una idea, estás entregando algo que funciona. La segunda vía, vender lo que construyes, no tiene techo y no depende de cuánta gente traigas.
Una página web la puedes enseñar con cualquier plan, y ya basta para que digan «guau». Pero con el servidor dedicado puedes enseñar lo que cierra la conversación: una automatización que sigue trabajando cuando cierras el móvil, una gestión de verdad funcionando en una máquina tuya, el navegador rellenando un formulario por ti mientras te miran.
Quien promociona Oravio con un servidor dedicado simplemente tiene más que enseñar — y la demostración es todo el programa. También hay la prueba corta: dos días por 4,90 € para probarlo de verdad antes de decidir.
La primera depende de cuánta gente traigas. La segunda depende solo de lo que construyas — y no tiene techo.
Son para ti, cada vez que alguien activa un plan con tu enlace. Y cada 25 personas que eligen el plan VPS Pro y se quedan al menos 14 días, desbloqueas una tarjeta regalo de 50 € a tu elección — Amazon, IKEA, Zalando y otras. La cuenta vuelve a empezar, sin límite.
Una web, una herramienta, una automatización, una skill: lo que construyes con Oravio lo publicas en el Market y lo vendes. Tú pones el precio y te quedas el 70 %. No hay techo ni hace falta traer a nadie: aquí solo cuenta la idea.
Cualquiera puede pedirle una página web a Oravio y tenerla online en noventa segundos — incluso sin registrarse. Eso lo cambia todo: dejas de describir y pasas a demostrar.
Estás delante de tu tía, que tiene la tienda, o de un amigo entrenador personal. Pregunta solo cómo se llama el negocio y qué le gustaría que pudieran hacer los clientes.
«Hazme una página para la tienda X con el horario y un formulario para reservar.» No tocas código ni abres programas. Hablas, y ya está.
Noventa segundos después la página existe de verdad, en una dirección suya, y el formulario funciona. A partir de ahí ya no tienes que convencer a nadie: solo preguntas «¿tú también quieres una?».
No es teoría: son los errores que comete casi todo el mundo al hablar de un producto, y qué hacer en su lugar.
«Mi tía apuntaba las reservas en una libreta» interesa a todos. «Inteligencia artificial potentísima» no interesa a nadie, porque no dice qué cambia en el día de quien lee.
Prueba: cuenta la situación de antes, la molestia, y luego qué pasó.Peluquerías. Agentes inmobiliarios. Gimnasios. Pequeñas tiendas online. Quien habla a todos no habla a nadie: si tu contenido nombra una categoría concreta, esa categoría se para a leer.
Elige una que ya conozcas: sabrás cuáles son sus molestias reales.Enseña la frase que escribiste y el resultado que salió. Es la única prueba de que de verdad no hace falta programar — y hasta que no la ven, no se lo creen.
Una captura de la petición vale más que diez líneas de explicación.Un enlace sin un motivo para hacer clic ahora se queda ahí. Da una razón concreta e inmediata: «te hago una gratis, mándame el nombre de tu negocio».
Ofrecer hacer la cosa, no hablar de ella, es lo que hace que la gente te escriba.En los grupos ya hay alguien escribiendo «¿alguien sabe hacerme una web sencilla?». Esa persona ya tiene el problema: solo tienes que enseñarle la solución, no convencerla de que la necesita.
Diez respuestas útiles valen más que cien publicaciones al vacío.Quien vio nacer una cosa quiere ver la segunda. Cuenta qué estás construyendo con Oravio, incluidos los intentos que fallan: es lo que hace creíble el resto.
Un público pequeño que te sigue convierte mejor que uno grande que te ignora.Escritos para usarse tal cual. Cambia solo el nombre y tu enlace — que encuentras aquí abajo si ya estás dentro, o que recibes en cuanto entras.
Es la parte que casi nadie se espera, y la que no tiene techo.
Dices qué quieres que haga — una gestión para tu sector, una herramienta que resuelve una molestia concreta, una web con algo dentro que los demás no tienen — y Oravio lo construye y lo pone online.
Pones el precio que quieras y publicas. Quien lo compra se lo instala. A ti te queda el 70 %. Puedes venderlo mil veces: lo construiste una sola vez, hablando.
Nada de teoría: qué hacer, en orden, empezando esta noche.
Antes de enseñárselo a nadie, pídele a Oravio una página tuya — tu afición, tu negocio, una idea que tenías guardada. Sirve para dos cosas: descubres lo fácil que es, y tienes algo real que enseñar.
No mandes un enlace: abre Oravio delante de ellas y pregunta el nombre de su negocio. Noventa segundos después tienen su página. Ese es el momento en que dejas de explicar y empiezas a convertir.
Una captura de la frase que escribiste, al lado del resultado. Copia uno de los textos listos de arriba, cambia el nombre y publica donde ya estás. No hace falta un público grande: hace falta que sea el tuyo.
Eso que construiste el primer día: si te sirve a ti, le sirve a otros. Lo publicas en el Market al precio que quieras y te quedas el 70 %. A partir de ahí trabaja mientras duermes — lo construiste una sola vez, hablando.
No. El programa es gratuito y sigue siéndolo. No te pedimos comprar nada para poder promocionar.
No, y ese es justamente el punto. Si supieras programar, esta demostración no sorprendería a nadie.
Para la tarjeta de 50 €, sí, hace falta una audiencia real. Para vender lo que construyes, no: basta con una persona que tenga el problema que tu herramienta resuelve.
Las conversiones se cuentan a los 14 días, para asegurarnos de que no hay devoluciones. Luego la pides desde tu panel y eliges la marca. La entrega se revisa a mano: deja fuera a quien hace trampas y protege a quien trabaja en serio.
Es la mejor forma de empezar. Quien promociona una herramienta que usa de verdad siempre tiene algo que contar; quien solo la promociona se queda sin cosas que decir en dos semanas.
Entra desde la app o el panel: encuentras enseguida tu enlace, los textos listos y tu contador. A partir de ahí solo tienes que enseñarle Oravio a alguien.